Las grandes transformaciones se conquistan luchando
Satanizar a la CNTE siempre ha estado de moda. Lo hicieron todos los gobiernos, el gran capital nacional e internacional y mediante medios de comunicación; lo que sí es inédito, es que la avalancha de calumnias, injurias y mentiras, sean emitidas desde el socialdemócrata palacio nacional.
Injurias, mentiras, calumnias; toda una campaña propagandística a gran escala desatada por el gran capital para atacar a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y su digna lucha. Nada nuevo bajo el sol. Lo que resulta novedoso y sorprende es que en la actual coyuntura, sean los propios neoizquierdistas obradoristas los que encabecen la jauría contra la Coordinadora. ¿Será que esos nuevos paladines de la socialdemocracia olvidaron que son los pueblos, luchando, y no los gobiernos, con leyes, los que hacen las grandes transformaciones? Si la memoria les falla, aquí, con gusto se las refrescaremos (y también la memoria).
Satanizar a la CNTE siempre ha estado de moda. Lo hicieron todos los gobiernos neoliberales, lo hace –y patrocina– siempre el gran capital nacional e internacional, mediante sus ya decadentes medios de comunicación; lo que sí es inédito, al menos en la magnitud actual, es que la avalancha de calumnias, injurias y mentiras sean emitidas primero desde el socialdemócrata palacio nacional, para ser reemitidas luego por sus corifeos en el nuevo paraíso del chayote: las “benditas redes sociales”.
Pero dejando de lado a títeres y titiriteros neoliberales y (disque) antineoliberales, lastima ver que muchas bases de la izquierda honesta, abnegada y congruente –de esos que de verdad lucharon aunque sea en algún momento–, hoy arrojen espuma por la boca cada que hablan o escuchan hablar de la Coordinadora. Ante su abierta y aberrante hostilidad contra los que hoy luchan por recuperar lo que en el pasado perdimos –por los que no lucharon–, la pregunta es: ¿Habrán olvidado que las grandes transformaciones no nacen en escritorios para convertirse en leyes? ¿Habrán olvidado que son los pueblos, luchando, los que realizan las grandes transformaciones?
¿Lo dudan? Veamos algunos ejemplos selectos de las grandes transformaciones que la historia de México tuvo, a ver si a nuestros amigos que cambiaron el rojo por el guinda se les revuelve, aunque sea un poquito, el estómago de la vergüenza por atacar e injuriar a los que hoy, de nuevo luchan por los derechos de todas y todos.
En octubre de 1936, el presidente Lázaro Cárdenas firmó los primeros acuerdos para el “Reparto agrario”, entregando 18 millones de hectáreas a campesinos pobres de todo el país. Pero: ¿este medida brotó del escritorio de un burócrata? No, surgió de la lucha popular ante las pésimas condiciones laborales y la falta de tierras, a través de una serie de huelgas en la Comarca Lagunera –la más grande, el 18 de agosto de 1936, con más de 20 mil trabajadores agrícolas en resistencia–. Muertos, heridos, detenidos y perseguidos fue el costo a pagar para que, unos meses adelante, el presidente Cárdenas entregara por fin las tierras a los trabajadores del campo.
Años más adelante, en marzo de 1938, el propio presidente Cárdenas decretó la expropiación petrolera, finiquitando el saqueo de las empresas extranjeras. Y de nuevo: ¿fue esto una ocurrencia del General Cárdenas? No, surgió de la lucha obrera. Tras la unificación de los petroleros en un solo sindicato (1936), ante las pésimas condiciones laborales y la renuencia de las empresas a validar el nuevo Contrato Colectivo de Trabajo, el 28 de mayo de 1937 estalló la huelga general, ante el acoso, agresiones y calumnias de la patronal y gobiernos extranjeros. Tras la validación de los tribunales judiciales, Cárdenas emitió el decreto, marcando otra heroica conquista que brotó y se defendió con la organización y unidad de la clase trabajadora.
Ya en este siglo, en la era neoliberal, el gobierno buscó liquidar una de las principales conquistas de las y los trabajadores: el derecho a una pensión y jubilación digna. Tras lograr su objetivo en el sector privado –Reforma a la Ley del IMSS de 1997–, en 2005, con Vicente Fox comenzaron los esbozos para igualar al sector público. La CNTE encabezó, junto a otros pocos sindicatos, las protestas para frenar la privatización del sistema de pensiones, logrando ralentizarla mediante la lucha, pero no evitarla.
El 31 de marzo de 2007, ante masivas protestas, la reforma a la Ley del ISSSTE fue promulgada por Felipe Calderón, con la complicidad de los grandes sindicatos corporativos. Ante el golpe la resistencia se mantuvo y, en un acto inédito, la CNTE y otros sindicatos presentaron más de 700 mil amparos contra la reforma privatizadora, logrando que, a pesar de la derrota general, el Poder Judicial se viera forzado a validar la protección de los derechos adquiridos de al menos una parte de la base trabajadora. Pequeño logro que benefició a cientos de miles de trabajadores del Estado.
Para cerrar el recuento, es imposible olvidar la mal llamada “Reforma Educativa”, promulgada a inicios de 2013, en el sexenio de Enrique Peña Nieto. La brutal represión a la digna resistencia magisterial, dejó un saldo de más de 5 mil maestras y maestros cesados, cientos de detenidos o perseguidos, cientos más de heridos y al menos 8 personas asesinadas por las fuerzas del Estado (en el operativo del 19 de junio de 2016, en Nochixtlán, Oaxaca). El 15 de mayo de 2019, ante la nueva ola de protestas masivas de la CNTE, Andrés Manuel López Obrador decidió derogar –parcialmente– la sangrienta reforma laboral disfrazada de educativa, impuesta en el sexenio anterior.
De los ejemplos citados se puede extraer una conclusión: sean gobiernos progresistas o sumamente reaccionarios los que ostenten el control del Estado, la transformación social siempre inicia, y es obra, del pueblo organizado, luchando para garantizar sus conquistas. Tanto las grandes victorias, como los pequeños logros en épocas regresivas, se han dado a partir de la lucha social y popular, no mediante acciones fortuitas del Estado. Los derechos no se obtienen implorando, rogando o pidiendo favores al gobierno en turno –sea de la denominación que sea–; se obtienen luchando por todos los medios necesarios hasta lograrlos. Quien olvide este principio fundamental de dignidad popular, no merece ser llamado de “izquierda”.
Por eso sorprende a sobremanera que, en la actual coyuntura, mientras la CNTE y otras organizaciones populares dan la lucha en las calles para recuperar lo que por justicia nos pertenece –el derecho a una jubilación y pensión digna–, muchos que se autodenominan izquierdistas (funcionarios, políticos, seudoperiodistas y más) sean los primeros en atacar, condenar e injuriar –junto a la derecha más neoliberal– a quienes entienden con claridad que las grandes transformaciones no son obra de gobiernos ni decretos, sino de pueblos organizados luchando y resistiendo.
Quizá tiene razón la presidenta Sheinbaum cuando señala que los extremos se tocan, como cuando antineoliberales y neoliberales unen fuerzas en defensa del gran capital mientras atacan a quienes luchan por los derechos del pueblo. Este es momento de definiciones. Tú, que orgulloso gritas ser de izquierda, ¿de qué lado estás?
Por Juan Croniqueur
Galería de imágenes