📝 Artículo Internacional 19/05/2026 Redacción Analco Medios 👁️ 311 vistas

Por qué debemos combatir el fascismo

El fascismo no es un capítulo cerrado de la historia porque sigue vivo: es una ideología burguesa del siglo XX que dejó lecciones sobre cómo su propia democracia puede ser erosionada desde adentro como última salida para salvar de su debacle al sistema de producción capitalista.

🔊 Escuchar noticia
Por qué debemos combatir el fascismo

Orígenes históricos

El fascismo surgió en el contexto de la posguerra y la crisis de entreguerras: el colapso de imperios, la Primera Guerra Mundial, la depresión económica y el descrédito de muchas democracias liberales crearon un caldo de cultivo para respuestas autoritarias. En Italia, Benito Mussolini organizó los “fasci” y condujo al país hacia un régimen que prometía orden y grandeza nacional; en Alemania, Adolf Hitler fusionó estos elementos con un racismo biológico extremo para formar el nacionalsocialismo. Estas experiencias muestran que el fascismo aparece donde las crisis sociales y económicas coinciden con miedos políticos al comunismo.

 Rasgos y características principales

 El fascismo combina varias características visibles: ultranacionalismo, culto al líder, militarización de la vida pública, la guerra como forma de vida y subordinación del individuo a la “nación” o a una comunidad idealizada. la concentración del poder, la erosión de la democracia burguesa y su división de poderes; desprecio por los derechos humanos y el uso sistemático de la violencia contra sus opositores, tanto simbólica, como física. Sus discursos están cargado de odio en contra del proletariado, excluyen a inmigrantes, disidencias sexuales, pueblos indígenas y minorías religiosas o raciales.

 Tácticas para destruir la oposición

 Los regímenes fascistas combinaron medidas legales, represión policial y paramilitar, y propaganda masiva. Legalmente, aprueban leyes de excepción que suspendían garantías; disuelven partidos y sindicatos independientes y crean estructuras únicas controladas por el partido y el Estado policial y paramilitarmente, tan sólo recordemos cuerpos políticos de seguridad, milicias como las Camisas Negras o la Gestapo usadas para intimidar, torturar y eliminar adversarios. Ideológicamente controlaron prensa, radio, cine y educación para fabricar consensos y eliminar voces opositoras.

 Censura, propaganda y cultura

 Los medios y la cultura pasaron a ser instrumentos de control: se clausuraron periódicos, se practicó la censura previa, se quemaron libros considerados “degenerados” y se fomentaron obras que glorificaban al líder y la guerra. El cine, en particular, se empleó para emocionar y forjar identidades colectivas afines al régimen como por ejemplo, documentales y noticiarios que mostraban desfiles y mitines como triunfos nacionales. Muchos creadores se exiliaron, fueron silenciados o practicaron la autocensura, empobreciendo la vida cultural. Y tales prácticas siguen ocurriendo en los Estados Unidos y otros países autodenominados de “primer mundo” en donde se hace la guerra de invasión y saqueo como salida a la crisis capitalista, pero también para esconder las atrocidades que comete la crema y nata de la burguesía de manera cotidiana.

 Variantes y proyección global

 Aunque el fascismo clásico emergió en Europa, su influencia y rasgos se adaptaron a otros contextos: el franquismo en España en los años 30 del siglo pasado, incorporó elementos fascistas con conservadurismo católico; en Japón hubo movimientos ultranacionalistas y militaristas con rasgos afines; en América Latina y otras regiones surgieron dictaduras que tomaron rasgos como el culto al líder, la represión, el control de la prensa y la sumisión al imperialismo. Tras 1945 el término quedó desacreditado, pero existe una persistencia de dinámicas “neofascistas” que reproducen tácticas similares en contextos de las democracias burguesas.

 Condiciones sociales y políticas que facilitan su ascenso

 El fascismo prospera cuando existen divisiones sociales profundas, crisis económicas, fragmentación de la izquierda u otras fuerzas democráticas, y vacíos de liderazgo que permiten narrativas simplificadoras y chivos expiatorios. Teóricos como Georgi Dimitrov atribuyeron parte del avance fascista a la fragmentación del movimiento obrero, a la falta de frentes populares unitarios capaces de organizar una defensa eficaz del derecho que tienen los pueblos a su emancipación.

 Respuesta política y social: frentes y unidad

 Una de las lecciones históricas es la necesidad de unidad amplia contra el fascismo: frentes populares u obreros que unan a distintos sectores para defender sindicatos, derechos civiles y políticos. Esto no elimina la lucha de clases, pero sí plantea la necesidad de acciones concretas desde la base, en fábricas, barrios y sindicatos, para impedir la captura de instituciones y la normalización de la violencia política.

 Lecciones para hoy

 En las democracias burguesas están presentes rasgos fascistas bajo viejas y nuevas formas: crecimiento de los cárteles del narcotráfico, pactos secretos con instancias de seguridad de gobiernos extranjeros; control de la prensa, estigmatización de minorías y perversión de instituciones democráticas que ellos mismos crearon. Reconocer los rasgos esenciales del fascismo, como la erosión de garantías, la concentración de poder y la deslegitimación del adversario, conlleva a  la formación de cuadros políticos en las organizaciones populares; a fortalecer la memoria histórica y la lucha ideológica para la defensa de nuestros intereses inmediatos e históricos.

 El fascismo es la exacerbación de la ideología burguesa, es la ideología de la derecha que combina ultranacionalismo, violencia sistemática y control absoluto del Estado, dejando un legado de destrucción y muerte. Comprender su origen, sus tácticas y sus adaptaciones ayuda a detectar sus réplicas contemporáneas y a construir defensas populares basadas en la organización, la unidad, la disciplina y la lucha constante en defensa de los derechos de los trabajadores.

 Bibliografía

 Georgi Dimitrov, La ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional(discurso, 1935)

 Nicos Poulantzas,2005, Fascismo y dictadura (Editorial Siglo XXI).

 Juan Bosch y otros, El fascismo en América, Revista Nueva Política (1976).