Apatía y resistencia: el silencio que debilita al magisterio jalisciense
El magisterio vive una contradicción profunda: somos quienes enseñamos derechos, pero rara vez los defendemos cuando se trata de los nuestros.
¿Por qué callamos?
En las aulas hablamos de justicia, participación y valores democráticos, pero frente a las injusticias laborales —hostigamiento, sobrecarga administrativa, violaciones a los derechos ya conquistados, o la precarización del trabajo docente—, muchas veces prevalece el silencio.
¿Por qué callamos?
La respuesta es compleja. El miedo a las represalias sigue presente: nadie quiere ser señalado ni enfrentarse a la burocracia que protege a los directivos o funcionarios.
También pesa la normalización de los abusos: se nos ha hecho costumbre trabajar más horas de las que marca la ley, asumir tareas que no corresponden y aceptar que “así es el sistema”.
Pero detrás de esa resignación se esconde un problema mayor: la pérdida del sentido colectivo.
El magisterio jalisciense ha sido históricamente un pilar de organización social y defensa del derecho público a la educación. Sin embargo, los años de control sindical, divisiones internas y desmovilización han erosionado esa fuerza que alguna vez hizo temblar a los gobiernos cuando se tocaban los derechos del trabajador.
Hoy, más que nunca, es urgente recuperar la conciencia laboral y ética del docente. No se trata sólo de reclamar mejores condiciones salariales, sino de defender la dignidad profesional frente al autoritarismo, la opacidad institucional y la simulación que muchas veces impera en el sistema educativo.
Defender los derechos laborales no es un acto simple de rebeldía; es un acto de coherencia.
Si exigimos justicia para nuestros alumnos, debemos ejercerla también para nosotros.
El magisterio jalisciense no puede seguir siendo testigo pasivo de su propio desgaste.
Porque callar es permitir el abuso.
Porque la dignidad no se negocia.
Porque los derechos se conquistan, no se mendigan.
Es momento de alzar la voz, organizarnos y recordar que ningún poder es más fuerte que un colectivo docente decidido a defender su dignidad.
¡Gobierne quien gobierne, los derechos se defienden!
¡Unidos y Organizados, venceremos!