📝 Artículo Local 07/06/2026 Redacción Analco Medios 👁️ 307 vistas

Identidad Obrera en Jalisco. Notas para la escuela sindical en Guadalajara

Aporta algunos datos sobre el sindicalismo clasista en Guadalajara en los primeros años del siglo XX.

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Identidad Obrera en Jalisco. Notas para la escuela sindical en Guadalajara

La identidad obrera, se adquiere asumiéndonos como parte de las masas explotadas y oprimidas por el capital. Como trabajadores, es necesario adquirir la “conciencia de clase en sí”, para luego transitar a la “conciencia de clase para sí”. La primera es auto-reconocernos en nuestro rol dentro de la lucha de clases y la segunda, es convencernos para transformar esa realidad de explotación del hombre por el hombre.

Algunos antecedentes de la industria textil en Jalisco

Reportes del siglo XVIII, señalan para el año de 1793 en la intendencia de Guadalajara, se reconocían en la ciudad, 457 “fabricantes de algodón y artesanos” y 355 en el resto de la intendencia, además 2,399 artesanos del algodón. Ahí estaban censados los productores de la barranca. Alrededor de la iglesia de Ixcatán, uno de los pueblos barranqueños, se veía el brillo de los algodonales en producción que era transportada a la Nueva Galicia y sólo una parte pequeña, se dejaba para hilar y tejer; les era más conveniente comprar la manta que tejer sus propias telas.

A mediados del siglo XIX, se abrió el puerto de San Blas en el océano Pacífico y con ello, poco a poco los agentes de ventas, inundaron de mercancías europeas el occidente de México, entre ellas de textiles, lo que mermó la producción local, las empresas entraron en crisis ante tal competencia y las que no se sostuvieron, los negocios fueron vendidas a capitalistas franceses a quienes les tocó enfrentar las revueltas armadas de principios del siglo XX y emprender la modernización tecnológica de la industria.

La producción de algodón era en 1841 para la textilera “Jauja” de la “Casa Barrón y Forbes” y la fábrica de “Bellavista” en el cantón de Tepic; el mismo año surge “La Escoba” de Manuel Olasagarre en el valle de Tesistán y “la Prosperidad Jalisciense” en Atemajac del Valle de José Palomar, dueño también de la fábrica de papel El Batán; en 1866 se fundó la fábrica “Rio Blanco” en El Salto, que luego fue trasladada a Zapopan; en 1896 se creó la fábrica “La Experiencia” de los mismos dueños de la de Atemajac y, en 1898, se instaló la fábrica “Rio Grande” en El Salto. Para principios del siglo XX se calculaban que había en las fábricas textiles del occidente del país unos 86,000 obreros; de esta forma fueron desarraigados de su origen campesino y se desplazaron a los suburbios cercanos a las industrias.

En el último tramo del siglo XX, ante la gran competencia internacional, la industria textil, fue socavada y fueron cerradas cientos de fábricas en el país. De esta forma, cerraron las fábricas situadas en El Salto, Atemajac, La Experiencia, Ocotlán, entre otras. Los obreros tuvieron que enfrentar las declaratorias de quiebra de las empresas yéndose a la huelga  y todavía acercándose al siglo XXI, seguían los litigios entre obreros y patrones por la liquidación.

La lucha obrera en Jalisco

Según Tamayo en los años veinte del pasado siglo, el sindicalismo en Jalisco se vistió de rojo, blanco y amarillo, señalando el color blanco para los sindicatos patronales, el amarillo para los sindicatos conciliadores o charros y el rojo para los sindicatos de clase, no obstante de éstos últimos, se reconoce a la Sociedad de Artesanos de Guadalajara, fundada en 1850 como un sindicato clasista, al grado de que Lucas Alamán la calificó como un “germen de peligro para la tranquilidad pública”. (Tamayo, La aurora roja en Jalisco, 1993)

Ese mismo año, el 30 de abril estalló en Guadalajara la primera huelga del México independiente en la Fábrica de Rebozos la Seda Tarel y Cía., fue en protesta por la reducción de salarios. Los esquiroles, que eran minoría, intentaron romper la huelga sin lograrlo. Los obreros se amotinaron gritando “mueran los gringos y los ricos”, e intervino el Jefe Político para disuadir la protesta, que amenazaba con quemar la fábrica;  esta fue unas de las primeras acciones que demuestran la fuerza de la ideología socialista en la clase proletaria. (Tamayo, La aurora roja en Jalisco, 1993)

La burguesía de entonces, creó una Asociación empresarial llamada “Las Clase Productoras”, que buscaba fortalecer su ideología a través de la unión de tres elementos sociales, la inteligencia, el capital y el trabajo. Su papel fue la mediatizar la lucha obrera y campesina durante el régimen porfirista y, lo lograron por un tiempo.

La paz social pofiriana, se rompió con la huelga de los obreros de la fábrica “La Experiencia” en febrero de 1901, cuando se enfrentaron jornadas extenuantes, malos tratos, muchas exigencias y una paga baja. La huelga se desarrolló como un movimiento espontáneo sin dirección clasista y fue derrotada, pero aun con tal debilidad del movimiento obrero, éste abrió la puerta a nuevas luchas proletarias.

Al crearse la Liga de la Clase Productoras en 1902 por influencia anarquista y del socialismo utópico, se constituyó la Unión de Tejedores que dirigió luchas importantes en los primeros años del siglo XX en Jalisco. Para el año de 1094, se creó el Partido Obrero Socialista como una iniciativa para difundir las ideas de emancipación entre los trabajadores en la capital Jalisciense, sobre todo entre los trabajadores textiles.

Diez años después (el 2 de enero de 1912), de la primera huelga los obreros de La Experiencia izaron las banderas rojinegras por reducción de la jornada de trabajo y aumento de salarios; al día siguiente los obreros de la fábrica de Atemajac se sumaron a al movimiento; aunque ya estaban sentados en la mesa de negociaciones con la empresa y el gobernador, se unieron a la huelga los obreros de “Río Grande” de Juanacatlán y con ello, dieron los textileros una muestra de unidad y arrojo.

Hubo amenazas de cierre de los centros de trabajo y presiones distintas a los dirigentes por parte del patrón y el Estado, no obstante, su unidad y organización, arrancó un decreto de diez horas la jornada máxima de trabajo en todas las fábricas y un aumento del diez por ciento de los salarios.

El 29 de diciembre del mismo año, los Ferrocarrileros de la “Casa Redonda”, como se les conocía con la Unión de Mecánicos, fortalecieron el movimiento obrero al paralizar casi todas las vías férreas del país, la huelga terminó en enero de 1913, con un triunfo del diez por ciento de incremento a los salarios, el reconocimiento de los comités de ajustes y la reinstalación de los despedidos. (Tamayo, Movimiento Obrero y lucha sindical, 1985)

Con el antiguo magonista, luego convertido al carrancismo, Manuel M. Diéguez, al llegar al gobierno de Jalisco, se decretó el descanso obligatorio los domingos y días festivos, duelos nacionales y locales y, se prohibió la venta de bebidas embriagantes esos días. También se conquistó el salario mínimo, la jornada máxima de nueve horas, el pago semanal en moneda de curso legal y la prohibición de las tiendas de raya.

El gobierno constitucionalista, arremetió en contra de la clase obrera que seguía reclamando sus derechos. Aun con todo en contra, el Sindicato de Zapateros se fue a la huelga en 1915, apoyado por la Casa del Obrero en Guadalajara y obtuvo algunos triunfos. Manuel M. Diéguez durante sus ausencias por las campañas militares contra los villistas, cambió su posición con respecto a la lucha obrera que a pesar de la represión mantuvo una posición clasista.

A partir de 1915, la combatividad obrera hizo posible el estallido de la huelga del Sindicato de Albañiles y del Sindicato de Carruajes de Alquiler de Guadalajara con influencia de la COM, ambos fueron movimientos triunfantes.

En el caso de la huelga de tranviarios afectaba la Compañía Hidroeléctrica e Irrigadora de Chapala y tuvo importantes repercusiones a nivel local y nacional. El gobierno reprimió sin miramientos con detenciones de dirigentes obreros, sobre todo los adheridos a la COM, justificando su actuar con el lema del general Pablo González: “si la revolución ha combatido la tiranía capitalista, no puede sancionar la tiranía proletaria”

La Casa del Obrero Mundial (COM) en Guadalajara, mientras duró su luna de miel con Álvaro Obregón, creó los batallones rojos y combatieron a Villistas y Zapatistas. Luego de la ruptura con Carranza en 1916, fueron reprimidos y divididos. Estaban afiliados a la COM obreros de la Compañía Hidroeléctrica e Irrigadora de Chapala, la Compañía Telefónica, las fábricas de hilados y tejidos de la Experiencia, Atemajac, Río Blanco, la fábrica de papel El Batán y sindicatos de sastres, pintores, decoradores, carpinteros, albañiles, carteros, trabajadores de artes gráficas, curtidores y conductores de carruajes.

Las obreras jaliscienses, escribieron con sus acciones páginas de la lucha obrera, destaca el Círculo “Josefa Ortiz de Domínguez” de la que fue parte Átala Apodaca, quienes fueron la base para la fundación en 1918 del Centro Radical Femenino, que combatió la ideología clerical entre los obreros, principalmente entre el sector femenino, tuvieron su periódico llamado El Iconoclasta y luego crearon una escuela con el mismo nombre.

El trabajo obrero femenino, se llevó a los propios templos en donde durante algún tiempo se debatieron ideas de emancipación de los trabajadores, hasta que toparon con la iglesia que desplegó una campaña feroz en contra de las ideas proletarias desde el púlpito y las organizaciones con las que contaban. Ahí aparecieron figuras que luego fueron conocidas en el panismo: Nicolás Leaño, Miguel Gómez Loza y Efraín González Luna.

Este esfuerzo del clero, hizo posible la creación de la Confederación de Obreros Católicos en 1919, lo hicieron con el respaldo de la Compañía Hidroeléctrica y de la Cía. Industrial de Guadalajara, las más poderosas de la Jalisco y que enfrentaron abiertamente el sindicalismo clasista, en ello influyó el proceso electoral que fracturó a Carranza de Obregón y algunos dirigentes se marearon con ello y descuidaron el trabajo sindical, al final, los obregonistas se quedaron con el poder y hubo un nuevo auge del movimiento obrero pro patronal, en donde a nivel regional aparece en escena Guadalupe Zuno y el Partido Laborista Mexicano filial de la CROM.

A partir de 1920, se tuvieron lugar diversas huelgas a las que referiremos sólo algunos detalles. La Unión de Trabajadores del Hierro el 18 de agosto; le siguió la Gran Orden de Maquinistas y Fogoneros de Locomotoras, quienes reclamaban aumento de salarios, demanda que se resolvió en dos días. Vino la huelga de la fábrica de calzado Hércules y la de los policías municipales en octubre de 1920.

Ante la efervescencia de la clase obrera, el Estado creó por decreto del 21 de octubre de 1920 del Departamento del Trabajo, mediante un mecanismo de resolución de conflictos obrero-patronales con representación de tres partes: del gobierno del estado, tres representantes patronales y tres sindicales, que en los hechos estaría en plena desventaja el movimiento obrero aunque sus representantes fueran clasistas, además de que el presidente tenía voto de calidad.

Vino la huelga del Comité Industrial Central de Trabajadores del Pan, ésta se prolongó por falta de acuerdos, reclamaban tabuladores salariales y ajustes a la jornada de trabajo; ahí surgió un sindicato patronal apoyado por el sindicato de panaderos católicos y suplieron a los trabajadores huelguistas.

Hubo tres huelgas en el mismo año: en diciembre de 1920 llegó el turno de la Unción de Trabajadores de Artes Gráficas y Anexas de Guadalajara; Trabajadores de Hierro de los talleres de Paulsen que venían de una huelga anterior cuyos acuerdos fueron violados y la de los Despachadores y Telegrafistas Ferrocarrileros de Guadalajara, también por violación de convenios firmados en la anterior huelga.

Pero los movimientos de huelga más emblemáticos fueron las de los textileros y ferrocarrileros, que lucharon contra el esquirolaje y los sindicatos blancos, encabezados por los sindicatos del clero agrupados en la Confederación Católica del Trabajo y la Unión social se Obreros Católicos (USOC) en donde se involucraron directamente los sacerdotes para dirigirlas. De esta forma, nació la Confederación Nacional Católica del Trabajo (CNCT) bajo control pleno del clero más reaccionario de México con José Mora y del Río, Arzobispo de México.

La derecha promovió el sindicalismo libre, ésta aceptaba la huelga sólo cuando hubiesen agotado todos los medios, bajo un motivo justo y con seguridad de éxito, lo que rompió la unidad de la clase obrera y la sometió mediante la conciliación y la alienación.

Los choques más fuertes fueron en la fábrica “La Experiencia”. María A. Díaz dirigente de La Unión Obrera de La Experiencia y sus camaradas, se afiliaron a la CROM para enfrentar el sindicalismo amarillo y blanco, por lo que fueron despedidos, lo que agudizó más la lucha de clases en la fábrica. A 70 kilómetros de Guadalajara, los mineros de San Pedro Analco, Tequila, se fueron a la huelga y fueron reprimidos ante su incapacidad de sostenerse organizados y unidos pero sentaron un precedente de la lucha minera en Jalisco que vino al alza.

Con la huelga de los ferrocarrileros, vino la de los constructores de carreteras y otra huelga de policías municipales que fracasó ante la inflexibilidad patronal.

Los cacicazgos regionales

Mientras las posiciones sindicalistas amarillas y rojas avanzaban, la iglesia católica creó organización obrera, y uno de las directrices se giraron en el Tercer Congreso Católico Nacional y Primero Eucarístico celebrado en Guadalajara en octubre de 1906, desde ahí, Ramón Contreras, canónigo de Zamora, expuso el peligro de los postulados socialistas frente a los intereses de la burguesía y la autoridad civil, señalando “…estoy con los que sostienen que, desgraciadamente, el socialismo nos ha invadido. Es penoso confesarlo, pero es necesario si queremos el remedio. La religión y la patria nos piden que lo reconozcamos y nos apresuremos a combatirlo ahora”, (Sánchez, 1993) y luego entonces, propuso el canónigo Contreras, la creación de cajas de ahorro del Sistema Raiffeisen para el medio rural y la adopción de proyectos de ahorro para los obreros, rematando que “si se generan tales recursos ¡no puede haber socialismo! (Sánchez, 1993)

 La Casa del Obrero en Guadalajara, siguió existiendo luego de 1916 y se pasó a la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), atrás del entramado, estaba la mano del zunismo que desde el año de 1923 adquirió poder en la región de la mano de Carranza, en ese proyecto no se integraron las organizaciones obreras católicas y crearon la Federación de Agrupaciones Obreras de Jalisco (FAOJ).

Podría señalarse, que hubo una hegemonía del sindicalismo clasista en los inicios de la CROM en Jalisco, pero poco a poco el régimen de Plutarco Elías Calles fue minando su fuerza hasta mediatizar la lucha obrera y ganarla para enfrentar la posición clerical, lo que dividió aún más el movimiento obrero.

Luego entonces la FAOJ por conducto de Esteban Loera, hizo pacto con Guadalupe Zuno para enfrentar a Morones. En esa confusión, la clase obrera, ya dividida, con dirigentes subyugados por el zunismo, participaron más de treinta organizaciones en la fundación de la Confederación de Agrupaciones Obreras Libertarias de Jalisco (CAOLJ) a cuya cabeza quedó Esteban Loera.

Adoptaron en la CAOLJ, como resolución, el “propugnar por implantar una colonia obrera, restringir el vicio del alcoholismo, llevar los postulados de la Escuela Racionalista, trabajar porque se establecieran ateneos y escuelas para obreros, proveer a las agrupaciones de libros suficientes para formar una biblioteca, y hacer gestiones para la efectividad del seguro obrero”.

Algunas de las organizaciones de la CAOLJ fueron artesanales y de servicios y unas pocas industriales: Unión de Artes Gráficas y Anexas de Guadalajara; Unión de Conductores de Carruaje de Alquiler; Unión de Choferes Jaliscienses; Unión de Filarmónicos de Guadalajara; Unión de Biscocheros y Reposteros de Guadalajara; Unión de Albañiles y Similares; Unión Libertaria de Voceadores de Prensa; Unión de Músicos Ambulantes; Unión de Cargadores de la Estación; Unión de Aseadores de Calzado; Unión Social de Zapateros; Unión de Curtidores de Guadalajara; Unión de Trabajadores de Molinos de Harina; Unión Mundial de Carpinteros; Unión de Mandaderos; Unión de Hojalateros y Fontaneros; Unión de Panaderos de Guadalajara; Unión de Comerciantes en Pequeño “Pro-Raza”; Unión de Cinematografístas; Unión de Tablajeros de Guadalajara; Unión de Despachadores de Carbón Vegetal; Unión de Matadores, Banderilleros y Picadores; Unión de Servicio de Plaza de Toros; Unión de Empleados de Espectáculos al Aire Libre; Unión Social de Expendedores de Masa; Unión de Trabajadores de Molinos de Nixtamal y Anexos; Unión de Obreros y Tranviarios de Guadalajara; Unión de Trabajadores del Rastro; Unión Libertaria de Galleteras; Partido Socialista Revolucionario; Sociedad Cooperativa de Consumo Mutuo e Ilimitado Municipal; Organización de Comerciantes del Mercado Libertad; Liga del Proletariado Jalisciense; Sindicato de la Cía. Hidroeléctrica. (Tamayo, La aurora roja en Jalisco, 1993)

Los últimos años, bajo un arduo trabajo de la posición comunista, se ganaron algunos sindicatos de industria para la CAOLJ, fueron quienes dieron la batalla contra la política centralista de Calles con Morones al frente de la CROM, para entonces, el poder regional de Zuno venía a la baja, por lo que los sindicatos con dirección clasista fueron combatidos por la posición del centro y  por los propios zunistas.

La posición clasista estuvo representada por Roberto Reyes Pérez y David Alfaro Siqueiros, ese esfuerzo en 1927 daría vida a la Confederación Obrera de Jalisco y cuya influencia estuvo presente al menos un lustro, hasta que las posiciones gobiernistas y patronales la derrotaron.

En plena cristiada, abundaron las huelgas y los conflictos laborales, sobre todo mineros, textileros y panaderos. La respuesta violenta de la patronal no se hizo esperar ante el avance del sindicalismo clasista, durante los meses de octubre y noviembre de 1927, fueron asesinados varios obreros y campesinos; la presencia de una posición amarilla fuerte dio como consecuencia la expulsión de Siqueiros, Margarito Figueroa y Cosme Sedano de la Confederación Obrera de Jalisco (COJ). La supuesta mediación de Margarito Ramírez, entonces gobernador de Jalisco, trajo una división entre los trabajadores aunque mantuvieron la hegemonía clasista, en tanto Plutarco Elías Calles no llegaba al poder y vino la represión.

La COJ fue parte de la Confederación Sindical Unitaria de México (CSUM), con Siqueiros como secretario general, pero poco duró como instancia pública, porque ante la cruenta represión debió pasar a la clandestinidad, cuando fueron desarmados los comunistas que apoyaron a Portes Gil para aplastar el levantamiento escobarista. Entonces procedieron a desmantelar los movimientos de masas en todo el país, desaforaron a los diputados con cierta representación obrera y campesina, de esta forma fueron expulsados de los sindicatos cientos de dirigentes clasistas de diversos sindicatos, sobre todo de los sindicatos mineros y textiles. De esta forma la COJ cayó en manos de lo que ahora conocemos como charrismo sindical.

Bibliografía

Arias, P. (1985). Guadalajara, la gran ciudad de la pequeña industria. Zamora: El Colegio de Michoacán.

Duncker, H. (2024). Historia del Movimiento Obrero. México: Horizonte Rojo.

Durand, J. (1985). Siglo y medio en el camino de la industrialización. En P. Arias, Guadalajara, la gran ciudad de la pequeña industria. (págs. 159-189). Zamora: El Colegio de Michoacán.

Sánchez, G. (1993). Los pasos al socialismo en la lucha agraria y sindical en Michoacán 1917-1938. En J. Tamayo, & P. Valles, Anarquismo, socialismo y sindicalismo en las regiones. (págs. 35-69). Guadalajara: Universidad de Guadalajara.

Tamayo, J. (1985). Movimiento Obrero y lucha sindical. En P. Arias, Guadalajara, la gran ciudad de la pequeña industria (págs. 131-157). Zamora: El Colegio de Michoacán.

Tamayo, J. (1993). La aurora roja en Jalisco. En J. Tamayo, & P. Valles, Anarquismo, socialismo y sindicalismo en la regiones (págs. 71-90). Guadalajara: Universidad de Guadalajara.

Tamayo, J., & Valles, P. (1993). Anarquismo, socialismo y sindicalismo en las regiones. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.


Autor: José Casillas Martínez


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