📝 Artículo Internacional 18/02/2026 Redacción Analco Medios 👁️ 386 vistas

Organizados desde abajo ante las guerras del capital

Hay una veta en el túnel de la memoria de los pueblos en resistencia activa: el imperialismo no es invencible, su descaro o cinismo criminal que muchos llaman fascismo y comparan con el avance Hitleriano

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Organizados desde abajo ante las guerras del capital

Organizados desde abajo ante las guerras del capital

Autor: Colectivo Periódico El Zenzontle

El imperialismo no es invencible, su descaro o cinismo criminal que muchos llaman fascismo y comparan con el avance Hitleriano de la primera mitad del siglo xx, tampoco tiene todas consigo

 El que vivimos un violento desorden mundial y caiga su cara de legalidad liberal internacional (la ONU y similares) es un hecho. Pero que el desorden capitalista sólo tenga de parte de los pueblos trabajadores y sus comunidades una respuesta ambigua, con la tibieza basada en la incertidumbre que lleva a la frustración o al vasallaje resignado, todavía no nos domina, aunque así lo quieran los aspavientos del presidente en turno de ese capitalismo de guerra: Donald Trump.

Hay una veta en el túnel de la memoria de los pueblos en resistencia activa: el imperialismo no es invencible, su descaro o cinismo criminal que muchos llaman fascismo y comparan con el avance Hitleriano de la primera mitad del siglo xx, tampoco tiene todas consigo y los ejemplos de Vietnam, Cuba y Palestina aún no se apagan e iluminan la resistencia activa, como revuelta o rebelión embrionaria. Aún no es la rebelión de los pueblos, aunque algunos hermanos la preparen resueltos, sea en Palestina, Venezuela, Colombia o Cuba y quizás en ciudades de Estados Unidos.

La resistencia activa y el esfuerzo que persevera por cambios radicales, plantea una y otra vez organizar la defensa en todas sus formas, convertir la incertidumbre en descontento, afrontar el miedo con alertas y tácticas tan discretas como audaces y alcanzar romper con la inercia que nos hace reaccionar como víctimas y no cómo defensa firme y ágil para ganar la iniciativa. La primera meta es vencer al monstruo de mil cabezas con la batalla de ideas de un pensamiento crítico y una conducta democrática, antiimperialista, autónoma, por una sociedad nueva y libre, basada en la autodeterminación de los pueblos.

Esa batalla de las ideas -que es permanente por quienes como pueblos defienden el derecho humano a rebelarse- comienza con la identificación del enemigo principal de los pueblos y sus trabajadores: el capitalismo de guerra imperialista. En segundo término superar la simple reacción al imperio y al fascismo con llamados al apoyo parcial a los Estados y gobiernos oprimidos, asumiendo por el contrario que la guerra imperialista es de clase y es contra los pueblos.

La batalla de ideas, la formación de conciencias, nos hará sentir que la mejor solidaridad es la construcción desde abajo de órganos de unidad internacionalista de los pueblos, que organice la defensa activa, propia de cada territorio, y se proponga procesos comunes de liberación y emancipación anti sistémicos más allá del capital, socialistas, en su sentido profundo de ruptura con la dominación del capital.

Solidaridad construida desde abajo por los movimientos populares político sociales y no por las cúpulas y burocracias, unas caudillistas y otras corporativas que llaman a seguir el rutinario camino de las declaraciones, las peticiones, los discursos sin decisión de tareas y el mandato sobre bases convocadas pero no organizadas. El pueblo trabajador y las comunidades en lucha en cada país sabrán desprenderse de esos liderazgos ocasionales o perpetuados que juegan a ser aliados o clientes de los poderes que sirven al enemigo principal con más o menos desvergüenza.

Solidaridad que no parcializa a tal país o tal otro pueblo agredido por el imperio, sino que construye luchas globales desde las condiciones y la historia de cada pueblo. Las embajadas de países lastimados o amenazados no pueden seguir siendo los organizadores de actos demostrativos, necesitamos crear movimientos de liberación legitimados por el tejido de los pueblos. Las representaciones diplomáticas son un punto de enlace en una red que habrá que unir, superando (es el caso de México) el papel de “retaguardia” de los procesos revolucionarios y de liberación de otros pueblos, sin ver que en cada país urge luchar contra el enemigo común.

Lucha desde abajo integral, pues no se puede ser antiimperialista, antifascista, sin ser anticapitalista, sin basar en la lucha de clases internacional el esfuerzo de este periodo.

Si no fuera así, delegaríamos la conducción en “amigos o compañeros de viaje” de las burguesías y sus gobiernos. La diversidad muy otra que buscamos unir y respetar en su experiencia y reclamos es la de los explotados, las clases oprimidas, las comunidades y grupos sexo genéricos y culturales discriminados, racializados y humillados por la depredación de la vida en los territorios. Es la unidad amplia en la que no cabe esperar que los amigos, clientes y vasallos del imperialismo nos representen, nos “defiendan” de una bestia de la que son parte activa, ya sea como conciliadores, negociadores o sirvientes de la opresión.

Como pueblos conscientes y en guardia, venceremos.

Publicado en el periódico La Jornada de Oriente, 1 de febrero de 2026.